Opinión

El país espera que caiga también el “dueño” del manicomio

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La ambición, la necesidad, el amor y la pasión –entre otras motivaciones- operan en nuestras mentes como bujías o motores que nos impulsan a la acción y, por tanto, nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos.

De modo que la ambición “per se” no es algo malo, de hecho, hay una frase, cuyo autor desconozco, que dice “un hombre sin ambición es como un pájaro sin alas”.

El problema está en no saber poner límites, es decir cuando un individuo o un grupo de personas llegan a ser tan ambiciosos que no les importan las consecuencias, y siempre quieren más y más, sin importar las consecuencias.
En la mayoría de los casos, a menos que pare a tiempo, el ambicioso, cuando se empeña en acumular dinero y bienes ilícitos, termina preso, muerto o sencillamente loco.

La sociedad dominicana ha quedado boquiabierta al conocer algunos detalles preliminares sobre el caso Coral 5G, que no es otra cosa que la continuación del Caso Coral.

Por primera vez en la historia dominicana de los últimos 60 años varios generales activos (son cuatro hasta ahora) van a la cárcel tras un escándalo de corrupción destapado por el Ministerio Público que les atribuye haberse apropiado de cientos de millones de pesos propiedad del Estado dominicano.

Se trata de los generales Juan Carlos Torres Robiou, de la Fuerza Aérea y exjefe del Cuerpo Especializado de Seguridad Turística (Cestur); Julio Camilo de los Santos Viola, también de la FAD, y el general Boanerges Reyes Batista, del Ejército. También hay varios coroneles.

Estos señores lo tenían todo: casas, vehículos, mucho dinero y poder. Pero siempre querían más.
Santos Viola sustituyó a Adán Cáceres como guardaespaldas del expresidente Danilo Medina, luego de que este (Cáceres) fuera enviado a prisión preventiva por 18 meses, precisamente por lo mismo: corrupción.
Lo grande de esto es que no estamos hablando de guardias reclutas “baña perros”, sino de generales, el más alto rango a que puede aspirar un militar.

También está implicada la gerente de una sucursal del banco estatal.
Movidos por la ambición, los hoy imputados llegaron a límites insospechados, con tan buena suerte que su jefe, el hombre mejor informado del país, dizque no se daba cuenta de lo que acontecía justo a sus espaldas, que para este caso es casi en sus narices.

Después de ver toda la podredumbre destapada por las operaciones Coral, Antipulpo, Larva, Falcón y Medusa, hemos de llegar forzosamente a la conclusión de que en los últimos años en el país se produjo una locura colectiva que afectó a políticos y militares morados.

Desgraciadamente para ellos y afortunadamente para el resto de la sociedad, el Ministerio Público cuenta con Yeni Berenice y Wilson Camacho, dos buenos “psiquiatras” para llevar a juicio y devolverle la cordura a aquellos que, llevados por la ambición desmedida, se volvieron locos cogiendo lo ajeno.
El país espera que caiga también el “dueño” del manicomio.

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