Opinión

Para pelear limpio

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Al fragor la intensa campaña electoral, que no se detendrá hasta el tercer domingo de mayo, es mucha la gente de clase media o con dilatado historial político  que trata de arrimarse lo más posible al candidato que considera con mayores posibilidades de ganar, sin importar si su pensamiento o praxis coinciden o se acercan a los suyos.

Descargar torrente de odio visceral o rencor irracional contra la actual gestión por supuestas contradicciones ideológicas o censura ética, pero las razones de fondo están relacionadas con anejas frustraciones, básicamente porque anhelados  privilegios fueron a parar a otras manos.

A eso atribuyo que políticos, comunicadores y académicos de otrora manufactura  de izquierda, se nieguen a sí mismos al mercadear ofertas electorales de corte conservadoras o neoliberales como si fueran propuestas progresistas, clara señal de que lo racional ha cedido el paso  al desbordamiento de pasiones de tipo personal.

He leído artículos de jubilados dirigentes de izquierda que ofrecen a la derecha política recetas de cómo alcanzar el poder, sin que nunca esas pócimas sirvieran cuando la historia les entregó  anafe, caldero y candela para poder cocerlas.

Temas como corrupción, pobreza e inseguridad son objeto de burda manipulación con la intención de presentarlos como si fueran tipos de coronavirus de recién detección, que solo ha infectado a la clase política que detenta el Poder, aunque   reconozco que  su combate debe ser el pan nuestro de buen dominicano.

Un ejemplo de lo que aquí digo lo representa el abordaje desde  litorales políticos y mediáticos a las infelices instrucciones que la directora del Plan Social impartió a conmilitones para que les “caigan encima” a periodistas y políticos que censuraron el proceso de licitación para la adquisición de equipos electrodomésticos.

Si no fuera por el desliz de Iris Guaba, a quien se le enrostra su condición de “costurera” y no  de “empresaria diseñadora”, el tema de la polémica licitación se circunscribiría  al alegato de que esos enseres se distribuirían durante los diez días que restan de  campaña electoral.

La discusión se desvirtuó por lo dicho por esa funcionaria, que  sirvió de justificación  a muchos para sacar provecho partidario del drama de la pobreza extrema y reducir al estercolero los programas sociales que ejecuta el Gobierno en favor de los sectores de mayor vulnerabilidad,  al repetir la cantaleta de que son iniciativas clientelares para  esclavizar la voluntad electoral de los excluidos.

Se proclama  que  la culpa de esa pobreza radica en la corrupción  que se anida en el Gobierno, por lo que una vez desalojado los inquilinos del Palacio, los muy pobres serán redimidos por escuadrilla de ángeles, pero la verdad es que  la marginalidad  social y económica tiene raíces en un sistema político genera privilegios y discrimen.

La crisis  económica y bancaria del 2002 generó más de un millón de  pobres que han retornado a la pobreza moderada y a la clase media en  los años siguientes, impulsados por un sostenido crecimiento de la economía y una mejoría en la redistribución del ingreso.

Quienes hablan con desdén del programa social del gobierno, que destina 30 mil millones de pesos para aliviar la situación de miseria de miles de familias, deberían tener entereza para censurar los 140 mil millones en gastos tributarios que  incurre el Estado en subsidios, exoneraciones y exenciones que se dirigen a altísimo estamentos  económicos. Pelear limpio requiere de valor ético y no de trapisondas.

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